Home Poniente «Tengo una deuda con el pueblo saharaui; creo que todos los españoles la tenemos»

«Tengo una deuda con el pueblo saharaui; creo que todos los españoles la tenemos»

23 mayo, 2018

Maribel lleva más de la mitad de su vida luchando por los derechos del Pueblo Saharaui

N.J.G. Loja
Maribel Cáceres lleva casi media vida luchando por los derechos del Pueblo Saharaui. Es coordinadora del programa ‘Vacaciones en Paz’, de la Asociación Granadina de Amistad con la RASD, y su hogar también lo ha sido de varios niños saharauis durante este tiempo. Cree que este pueblo tiene mucho que enseñarnos respecto a valentía en la lucha por la igualdad y las libertades. Y no puede evitar emocionarse cuando habla de su enriquecedora experiencia tanto en los muchos veranos de acogida que tiene en su haber como en sus visitas a los campamentos de refugiados, donde, dice, «todo es hospitalidad».

–¿Cuántos años luchando por los derechos de los saharauis, Maribel?

–Más de 20. Pero más llevan luchando ellos. Los saharauis «malviven», por un lado en campamentos de refugiados en medio de un desierto que Argelia les prestó y, por otro, maltratados en las zonas ocupadas ilegalmente por Marruecos.

Llevan más de 40 años desterrados, en tierra de nadie, privados de libertad, olvidados por la Comunidad Internacional, sin los derechos más fundamentales y subsisten gracias a la ayuda humanitaria.

–Coordina en el Poniente ‘Vacaciones en Paz’ y, además, es familia de acogida. ¿Cómo ha cambiado este programa desde que comenzó?

–El programa básicamente es el mismo que al principio. Se trata de la acogida temporal de menores refugiados políticos que vienen a mejorar su calidad de vida y a establecer lazos de amistad. Lo que sí ha cambiado son las condiciones de vida de este pueblo gracias a la solidaridad de instituciones y familias. ‘Vacaciones en Paz’ hace visible la injusticia de la comunidad internacional, que mira hacia otro lado y desprotege a un pueblo que huyó en 1975 de su país, el Sahara Occidental.

–¿Por qué es tan importante para usted ayudar a este pueblo?

–Una vez que les conoces, que tienes a sus niños –los más vulnerables–, después de que conviven contigo dos meses… sin que te des cuenta empiezan a calar hondo en tu corazón y notas cómo forman parte de tu vida. Después visitas los campamentos, sientes que te abren las puertas como si fueras uno de los suyos. Su hospitalidad, su calor, su valentía, la capacidad para afrontar las adversidades… Después de todo esto es imposible olvidarte de ellos. Es más, como española y hermana del Pueblo Saharaui, tengo una deuda con ellos; creo que todos los españoles la tenemos. Siento el deber de luchar por el Pueblo Saharaui y lo seguiré haciendo mientras me queden fuerzas. Ellos me han enseñado mucho. Es un pueblo pacífico, un ejemplo de superación.

La madre de Maribel con una de sus niñas de acogida.
La madre de Maribel con una de sus niñas de acogida.

En todos estos años han sabido organizarse y salir adelante, con mucho esfuerzo y muchas penurias. Han levantado hospitales, colegios, centros de discapacitados…Tienen a todos sus niños escolarizados en medio de un desierto; para ellos la educación es fundamental. ¡El pueblo saharaui tiene mucho que enseñarnos!

–Lleva años acogiendo a niños saharauis. Qué le puede decir a una persona que aún no ha dado el paso.

–Es una experiencia muy enriquecedora para ambas partes. Además de que ayudas a un niño refugiado, a su familia y a su pueblo, ellos te aportan grandes valores, recibes mucho más de lo que tú puedas llegar a dar. Aquí lo tenemos todo, no sabemos valorarlo; estos niños te enseñan a ver lo verdaderamente importante de la vida. Me refiero al cariño de una familia, el respeto, tener un hogar para vivir, un plato de comida, agua para beber cuando tienes sed, medicinas cuando estás enfermo. Y para estos niños nosotros somos su familia. Abrakum, una de mis niñas –vendrá también este verano– , siempre dice: «¡Mamá, qué suerte tengo! Tengo dos madres y hermanos, tíos, abuelos en España y en el Sáhara».

Animo a todas las familias a vivir esta experiencia. Estos niños no necesitan nada más que los acojamos y los sintamos como uno más de nuestra familia.

–¿Cuál es el día a día de las familias de acogida y de los niños acogidos?

–No supone ningún cambio extraordinario, todos nos adaptamos perfectamente. Los pequeños embajadores del desierto llegan muy cansados y aún pensando que dejaron atrás a los suyos en aquel duro desierto. Por eso es aconsejable dejarles descansar varias horas.

Ellos vienen a disfrutar y convivir con una familia que tiene otras costumbres muy diferentes a las suyas, pero que le da la oportunidad de disfrutar lo que no tienen en el desierto. Los niños son esponjas, lo aprenden todo muy rápido. El día a día va diciendo. En una semana o quince días ya están adaptados y disfrutan enormemente de todo lo que le rodea. Cada familia se organiza como de costumbre, hacen lo que tengan que hacer en cada momento como cualquier familia normal. Para las familias que los acogemos es una gran oportunidad para conocer su cultura, sus costumbres…

–Si tuviera que elegir un momento, ¿con cuál se quedaría?

–Es difícil de contestar, porque me quiero quedar con todos los momentos. Si tengo que escoger, escojo el primer verano que acogí a una niña, Lehbeila es su nombre. Fue en el año 1995. Ella me movió a luchar por su pueblo. Fue cuando me aventuré a visitar los campamentos y pude comprobar con mis propios ojos la cruda realidad que viven.

Otro momento es cuando los niños vuelven a los campamentos. Puede que sea el más duro para todas la familias que acogemos niños pero para mí es el más vinculante al pueblo saharaui. Los niños se van contentos, ilusionados por volver a estar con los suyos, con algunos kilos de más, cargados de vitaminas y regalos para su familia y, los más importante, sabiendo que aquí se dejan una familia para siempre.

–En veinte años, habrá muchas anécdotas que contar…

–Muchísimas… Los primeros años los niños no conocían cosas básicas que tenemos aquí, como abrir un grifo, la escalera de una casa, un frigorífico… Recuerdo a Dapu, una de mis niñas, que metía la cabeza en el frigorífico y decía: «Qué fresquito para mi madre si pudiera estar aquí». También tenía miedo a los langostinos; decía que eran bichos.

Bubakar, otro niño que vino a Loja, entró al aseo. Pasaba el tiempo y no salía y su familia empezó a preocuparse. Entonces entraron y le encontraron llevando el agua de un grifo con las manos hasta el inodoro. No sabía qué era la cisterna.

–¿Cuál es el reto más inmediato de la asociación? ¿Y del programa?

–El reto más importante en estos momentos para la asociación, bajo mi punto de vista, sería difundir con mayor profundidad las condiciones de vida de los presos saharauis encerrados en las cárceles marroquíes, por defender la legalidad internacional y el derecho a la autodeterminación. Y el programa Vacaciones en Paz, que pasara a llamarse ‘Vacaciones en Paz en Libertad’, porque los saharauis dejaran de vivir bajo la hospitalidad de Argelia y que sus hijos e hijas vinieran a nuestros pueblos y a nuestras comarcas como cualquier otro ciudadano, libres y no como refugiados en el desierto.

–El pequeño crece y llega un día en que no participa en el programa, ¿cómo se vive ese momento?

–Ese momento se vive con mucha impotencia pero es lo que hay. Después de estos años queda la satisfacción de haber ayudado y un vínculo que jamás se pierde si uno no quiere. Cuando los niños se van, no lo hacen para siempre; podemos seguir en contacto. Gracias a las nuevas tecnologías podemos estar comunicados. Lo más hermoso es ir allí a verles y conocer a su familia; para ellos es muy importante. Ese vínculo permanece toda la vida.   FUENTE http://loja.ideal.es/loja/deuda-pueblo-saharaui-20180524172509-nt.html

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